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El rey de la casa


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Todos los años pasa lo mismo. Llega diciembre y enseguida empiezan a llamarme amigos y familiares para reclamarme listas de regalos que poder hacerme durante el mes. Y no diré que no me encante ser yo el que, por una vez, reciba cosas, pero si a ellos les resulta complicado encontrar algo que me guste o desee sin necesidad de ayuda, no digo nada lo que puede ser escribir esa lista para mí (y por lo menos debe tener unas seis o siete cosas...).

Soy una persona bastante complicada hasta para mí. No es que me dedique a pedir cosas imposibles, sino más bien al contrario: no quiero prácticamente nada. Es decir, siempre he sido poco materialista y no he desarrollado nunca el Síndrome de Diógenes, por lo que tampoco me va lo de acumular cosas inservibles. Si además tenemos en cuenta el espacio que he alquilado para vivir, donde no cabe apenas nada, por muy apañado que lo hayamos dejado, la cosa se complica. Para colmo, detesto ir a comprar ropa, y mucho más aún que me la regalen sin estar yo delante para elegirla (el otro día, opté por comprarme dos polos y pasar la factura a mis padres, que estaban gustosos de pagarlos en concepto de regalo adelantado), así que no vale la socorrida camiseta o la ropa interior chula.

Así, me he dado cuenta de que lo que realmente me gustaría que me regalaran, aunque sé que es como pedir La Luna (y que nadie se lo tome como indirecta, por favor), no son cosas materiales, sino experiencias; de esas que recuerdas para siempre. Por ejemplo, un viaje a Estocolmo para asistir al Melodifestivalen; o dos billetes para el Transiberiano; o un menú degustación en algún restaurante al que siempre he querido ir; jugar con pingüinos no violentos o con delfines amistosos; hacer un viaje en el que pase por muchas aduanas hasta quedarme sin hojas libres en el pasaporte; aprender a cocinar platos extraños y muy elaborados; un curso de sueco a una hora a la que pueda asistir (mejor si es individual, claro)...

...O asistir al que creo que es el espectáculo más impresionante jamás creado por el hombre. Política deleznable aparte –y ante la ira que siento al ver el sufrimiento que está padeciendo ese pueblo por culpa una panda de locos psicópatas y perversos–, me refiero a las coreografías gigantes que se celebran anualmente en Corea del Norte. Debe ser impresionante ver todo un estadio moverse a un mismo compás, creando decenas de dibujos desde las gradas, mientras miles de bailarines y figurantes ejercitan los mismos pasos de baile... Ojalá cuando la barbarie y el horror de la dictadura se acabe (porque tarde o temprano lo hará), no dejen de representarlas; homenajeando, eso sí, a la libertad. Pussar och krammar!



PD: La canción del vídeo es 'Gymnastik' de Hej Matematik, mi nuevo grupo fetiche.

6 comentarios

  1. nanyu fonseca  

    y que tal unos calcetines?

  2. Sufur  

    Hijo, conmigo lo tienen fácil. Todo el mundo sabe que me pirro por los diamantes, cuantos más kilates mejor. Y pese a ello, sorprendentemente, nunca me regalan ninguno. Qué injusticia...

  3. Ladonna  

    Pues lo mío es fácil, una Nancy y soy feliz. Aunque el regalo que siempre espero con más ilusión es el que me hace uno de mis tíos, que siempre es una sorpresa y siempre me encanta. Me ha invitado al teatro y hasta a los baños árabes. Me encanta!

    Besitos!

  4. Sota  

    Joer, no pides tu nada... Una corbata de esparto y vas que te estrellas!

    (polos KK, eso sí)

  5. Nils  

    Nanyu, antes muerto.

    Sufur, ya te digo, que van a lo suyo.

    Ladonna, pues no creo que las Nancys sean baratas hoy día, no?

    Sota, lo de las corbatas os ha afectado eh? jajaja

  6. Fran  

    Lo que pido yo siempre, un polvo como dios manda1!! =)

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