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El rey de la casa


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Cuando nos mudamos, el rubio y yo estuvimos cotejando diferentes compañías que dan acceso a Internet para hacernos clientes de una. Como Telefónica tardó un poco en ponernos la línea, tuvimos tiempo para ver prácticamente todas y compararlas. Una de ellas fue ONO, a la que dejé mis datos para que me llamaran al móvil y que me informaran bien de todo sin necesidad de pagar yo un duro por la llamada a esos 902 del demonio... ¡Craso error! Desde entonces, y a pesar de que nunca me di de alta, y nunca quise saber más de ellos a partir de aquella llamada, me han estado acosando telefónicamente por activa y por pasiva.

Como es fácil imaginarse, intenté todos los trucos posibles: desde pedir por favor y con buenas maneras que me borraran de su base de datos a insultar y cagarme en todo, ser borde (aún más), ignorar la llamada, cogerla pero dejar el móvil sobre la mesa y desentenderla... Al final, he tenido que usar un recurso que prefiero guardar sólo para emergencias, pero la pesadez de ONO era tan extrema que no tuve más remedio que romper el cristal...

Llamé a una persona. Me identifiqué y le pregunté, tras pedirle disculpas de antemano por tratar temas personales: "¿Qué es lo que tengo que hacer para conseguir que dejen de llamarme varias veces al día todos los días de una vez por todas?". Me dijo que le pasaba lo mismo con Jazztel (muahaha...), por lo que entendía mi cabreo. Me dijo que me olvidara, que se encargaba del tema y que movería hilos...

Dicho y hecho. Llevo ya varios días sin saber nada del Servicio de Calidad y Atención al Cliente de ONO ni de la madre que lo parió, así que, desde aquí, un MUCHAS GRACIAS gigante mi persona salvadora. Pussar och krammar!