Para mostrar mi más sincero desacuerdo con el encargo, lo primero que he hecho ha sido afeitarme la barba de dos días y medio que llevaba. Al mismo tiempo, me planteé un hara-kiri con la cuchilla con la que me rasuraba, que a ver con qué demonios lleno tantas páginas con un tema que no da ni para tres párrafos, al mismo tiempo que sigo con mis secciones habituales y preparo dos números especiales para Navidad (justo los que salen después del de la barba y en los que tengo que escribir y preparar unas 25 páginas). Es decir, que se han propuesto que me mate a trabajar para ver cuánto aguanta un redactoris hispánicus y no me he dado cuenta hasta ahora. ¡Soy un experimento sociológico!
Aunque no me he podido poner aún de lleno con el tema, lo poco que he investigado me ha llamado la atención. Hay muchas curiosidades relacionadas con la barba e incluso países en los que está prohibido lucirla. Además, hay unas maquinillas eléctricas de afeitado que parecen naves espaciales en miniatura y que voy a probar esta semana para luego contar qué tal. ¿Sabéis que hay un jabón de afeitar en mousse hecho con coco y que sólo se vende en una tienda pequeña del centro de Londres? ¿Sabeis quién tiene un bote y lo va a usar en breve? Una pista... ¡YO!Sé que al final será un tema muy interesante de escribir, pero me niego a no usar mi derecho a la queja porque, si me va a entretener, es porque soy periodista por vocación. Me encanta mi trabajo, poder informar al mismo tiempo que aprendo de gente brillante y tengo experiencias que nunca tendría si no me dedicara a esto, pero se están pasando de castaño oscuro. ¡Y yo no tengo puentes! Pussar och krammar!
















No le recuerdo tan gritón e histérico como se pone ahora en las retransmisiones de Fórmula 1 (como aquí no las veo, me fío de lo que me cuentan y lo que he oído en Youtube), pero sí igual de flipao. Una vez me tuve que ir a una cárcel de Sevilla porque el presidente del Betis, Manuel Ruíz de Lopera, iba a aparecer por allí disfrazado de Rey Melchor para darle regalos del club a los presos. Ahí me tenéis a mí, rodeado de mil presos, con el cámara igual de cagao que yo, entrevistando a Lopera disfrazado y luego a cinco o seis reclusos para que contaran lo contento que estaban con "Don Manué". Desde primera hora de la mañana tenía a Lobato muerto de la risa imaginando una crónica supercachonda 












































