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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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Pongo rumbo a primera hora de la mañana a Venecia. Es gracioso,tras muchos años sin ir, llevo ya dos veces este año en la ciudad de los Canales. Pero, la verdad, para el tiempo que voy a estar allí, casi que me conformaré con lo que vea desde el avión... y desde el barco. Y no, no me refiero a esos maravillosos taxis acuáticos desde los que se puede disfrutar a las 5 de la mañana de una escena perfecta de la laguna como esta:



Me refiero más bien a lo que veré desde la borda del Costa Diadema. Tengo el honor de poder conocer el nuevo trasatlántico de Costa Cruceros,en un miniviaje que durará apenas una noche de travesía, lo suficiente como para atracar en el puerto de Trieste mañana viernes.



Lo bueno, que podré conocer Trieste, en donde nunca he estado. Lo rematadamente bueno, que podré comprobar si es verdad eso de que los trasatlánticos de lujo son auténticos bacanales de helados, dulces, cócteles y bollería (mis perdiciones). Lo mejor del todo: que como no estaré a bordo más de 24 horas no me dará tiempo a engordar los 20 kilos de más que tendría a la vuelta a Madrid de haber sido tres días...

Calorías aparte, se trata de mi primer crucero. No es una forma de viajar que me atraiga en exceso y tampoco soy muy amante de los barcos, pero he de reconocer que sí tengo curiosidad por saber cómo son por dentro y experimentar una travesía. Yo prefiero ir a un sitio, visitarlo bien; y no hacerlo a cinco o seis países de golpe, parar unas horas y ya en cada puerto, viéndolo todo a mata caballo, como los tours con guía en autobús. Pero tras ver a mis padres pasar de una opinión como la mía a convertirse en los locos de los cruceros tras su última experiencia viajera, miedo me da si yo también caeré rendido a los pies de los trasatlánticos...

Ya veremos qué pasa. Pussar och kramar!

Que estamos en la era de la comunicación es indiscutible. Que todo se ha convertido en una campaña de márketing en bucle, también. Y da igual que se trate de política, de moda, de decoración o de Internet. Todo es propaganda, todo es publicidad, todo es comunicación, todo es márketing. De ahí que sea complicado de entender que en un país de servicios, con un sector secundario casi inexistente y un primario en la cuerda floja, las empresas no entiendan la importancia de lo intangible...

El bloguero Lucio Chiné escribía esto el otro día...



Es la realidad de nuestro país. Acabo de volver a sufrirla en mis carnes. Estos días estoy realizando un reportaje sobre un producto extranjero cuya firma tiene filial en España. Me puse en contacto con todo el mundo que pudiera imaginar, porque desconocía quién era la persona responsable de la comunicación en nuestro país, por todas las vías posibles. El equipo de prensa de la sede central, es decir, la del extranjero, tardó menos de una hora en contestarme. El responsable de sus redes sociales en España, unas dos horas y media. La persona con la que de verdad tenía que hablar, dos días.

Lo que en Estados Unidos, reyes del márketing y la comunicación corporativa, hubiera sido algo nefasto, aquí se entiende como lo más normal. ¿Tiene sentido que la persona responsable de una firma a la que se le informa de que se va a hacer un reportaje para un medio importante, un reportaje encima amable, y que no les va a costar nada porque es un redaccional propio y no hay dinero ni publicidad por en medio, tardé más de 48 horas en dar señales de vida? En España, todo el del mundo.

Luego, pasaran cosas como las que contaba un chico en uno de los comentarios del Facebook de Chiné y nos sorprenderemos... cuando es, sencillamente, saber hacer las cosas como se deben.



Mientras, diré que sigo esperando, cuatro días después, una contestación a una petición que he hecho, ya por dos veces, a la susodicha persona para cerrar una información adicional que necesito para mi reportaje. Para que luego digan que el periodismo de estilo de vida es todo alegrías... Pussar och kramar!