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El rey de la casa


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Tuve un amigo hace muchos años del que, por diferentes razones, me fui distanciando. Hoy apenas tenemos contacto.

Hace unos meses, este amigo salió en televisión... y creo que aún se arrepiente. No porque no fuera brillante en lo que dijo e hizo, sino porque es una persona bastante presumida y en la pantalla no salió del todo favorecido. A los kilos de más que dan las cámaras hubo que sumarle algunos detalles que, sin darse él cuenta ni pretenderlo, no ayudaron (en este caso, un estilismo que no era del tallaje adecuado).

El caso es que este chico tiene un historial con la comida preocupante, hasta el punto de que deja de comer o apenas se alimenta si considera que está gordo, aunque sea por el efecto de unas pastillas antidepresivas y no porque se esté pasando de calorías. Hace un mes colgó una foto en Facebook y lo que en primavera era una persona tirando a rellenita se había transformado en alguien escuálido, con los pómulos completamente marcados por falta de relleno.

No lo dudé ni un instante: había vuelto a dejar de comer. Su paso por la televisión fue el colmo. Y, mientras, su muro de FB era un continuo no parar de 'Me gusta' y halagos a su nueva imagen ultradelgado.

Me muero de ganas desde hace un mes de preguntarle si está bien, si está comiendo, de decirle que no se preocupe por lo de la tele, que él está mejor con un par de kilos de más que extremadamente chupado, que debe cuidarse y que la felicidad no se la va a traer una vida de 300 calorías diarias. Pero no puedo, porque no sé cómo hacerlo, porque yo jodí la amistad que teníamos y ahora me da vergüenza que sepa que me preocupo y porque en el fondo quiero pensar que me equivoco, que es casualidad, que sí come pero se puso a dieta, una sana en la que te alimentas bien...

Lástima que ahora haya aprendido tanto de nutrición como para no poder engañarme a mí mismo sobre eso... Pussar och kramar!