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El rey de la casa


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El domingo me tocó ejercer de abuelo cebolleta y contarle al rubio quién era Javier Álvarez y, sobre todo, qué era la canción 'Uno, dos, tres, cuatro'. Para una generación de actuales treintañeros, todo un himno: el de la insumisión al servicio militar obligatorio. Parece que fue hace siglos, pero no hace ni 15 años de la aprobación del decreto que la suprimía.

Mi infancia y adolescencia se desarrolló, entre otras cosas, en todo un cultivo de valores antibelicistas, pacifistas y, por supuesto, insumisos. Compramos camisetas de grupos de insumisos, para apoyar a jóvenes pacifistas, a Talleres de Paz, en contra de los voluntarios forzosos... Y es una pena cómo todo se ha diluido prácticamente hasta la nada con la supresión de la 'mili', porque la raíz sobre la que se sustentaba todo no era el servicio militar, o al menos no se vendía así, sino en la desmilitarización, en la búsqueda de la paz por encima de todo, en que la guerra NUNCA es la solución...

Sin embargo, en esta sociedad ombliguista en la que vivimos, la paz ya no importa, o al menos la guerra ya da un poco más igual, así como el rearme o la instrucción de jóvenes en servicios militares de otros países. Y no lo hace porque ya no nos afecta a nosotros, porque ya no hay jóvenes que lo sufran en primera persona. Una pena, porque el espíritu pacifista debe ser más fuerte que una ley que obligue al reclutamiento, porque con o sin 'mili', solo la paz es la respuesta; y nunca está de más reivindicarla. Pussar och kramar!

Vivir en sociedad es lo que tiene, que lo hacemos rodeados de etiquetas. Somos un cúmulo de ellas y etiqeutamos a los demás con otro buen montón. Es así, y lo inteligente y sabio es tener el saber y la prudencia necesarias como para desetiquetar y retiquetar lo más objetivamente posible. De todas, la mejor que te pueden poner es la de guapo. Para bien o para mal, ese adjetivo lleva asociados otros muchos igual de positivos. A alguien guapo se le predispone apto, bueno, capaz... incluso inteligente, cosmopolita, encantador, simpático... Luego, cuando conoces a la persona en cuestión, se verá si es cierto o no, pero la predisposición siempre es más positiva que cuando se trata de alguien feo.

En las últimas semanas se ha hablado mucho de Gabriel Wikström, el ministro sueco de Sanidad. No por su política, su trabajo en el Ministerio, su participación en algún foro de la UE o su validez. No. En este caso, porque la prensa turca lo ha elegido el ministro más guapo de Europa y, según la foto que veas, no seré yo el que le quite el puesto sin haber visto a la competencia. Han sido muchos los medios que se han hecho eco de la noticia, pero, además de la merendabilidad del susodicho, poco o nada se ha comentado de su trabajo como político.

Sin embargo, dejándonos llevar por las hormonas y las etiquetas. Siendo tan guapo, ¿acaso nos lo imaginamos siendo un inútil a lo Ana Mato? ¿Un despreciable ser inyecto como Montoro? ¿Un corrupto y vividor como Jaume Matas? ¿Un 'flower power' místico como Leire Pajín? Pues no. Te lo imaginas como un ministro moderno, progre, en contacto con la ciudadanía, anti-recortes, simpático... Si es que no hay nada como una etiqueta... Pussar och kramar!